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Elon Musk 21 mayo 2025 en el Despacho Oval de la Casa Blanca, Washington, D.C.
Innovacion

El proyecto de chips de IA de Elon Musk incorpora a Intel en una inversión de US$ 25.000 millones

Jon Markman

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La iniciativa busca montar en Austin una planta capaz de reunir todas las etapas de fabricación de semiconductores y abastecer la demanda tecnológica de Tesla, SpaceX y xAI.

13 Abril de 2026 10.46

Elon Musk quiere construir una fábrica de chips capaz de producir un teravatio de potencia de cálculo para IA por año. Esa cifra equivale, de forma aproximada, al 70 % de la producción global actual de TSMC. Todo, además, saldría de una sola planta.

El 7 de abril, Intel anunció que se sumaría al proyecto Terafab como socio de fundición, junto con SpaceX, Tesla y xAI. Musk presentó Terafab el 21 de marzo en la antigua central eléctrica de Seaholm, en Austin, y la definió como "el proyecto de fabricación de chips más épico de la historia", aseguró. Se estima que la planta piloto costará entre US$ 20.000 millones y US$ 25.000 millones. Según los analistas de Bernstein, la construcción a gran escala podría demandar US$ 5 billones.

El rol de Intel será aportar su nodo de proceso 18A, la tecnología lógica de 1,8 nanómetros más avanzada de la compañía, además de su experiencia en empaquetado y su capacidad de fabricación a gran escala. Para el CEO de Intel, Lip-Bu Tan, que dedicó el último año a reconstruir la empresa alrededor de una estrategia de fundición externa, Terafab es el cliente estrella que la compañía buscaba. Tan publicó: "Elon tiene un historial probado de reinventar industrias enteras. Esto es precisamente lo que se necesita hoy en día en la fabricación de semiconductores".

NO VOLVER A USAR (FORBES US, GETTY)
El 4 de junio de 2024, se exhibió una muestra de un chip de Intel durante la Computex 2024 en Taipéi. (Foto de I-Hwa CHENG / AFP vía Getty Images)

Qué es realmente Terafab

La propuesta de Musk apunta a concentrar todo el proceso en un solo lugar. Es decir, todas las etapas de la producción de semiconductores, desde el diseño de chips y la litografía hasta la fabricación, la producción de memorias, el empaquetado avanzado y las pruebas, se harían bajo un mismo techo. 

La planta piloto en Austin tiene como meta producir 100.000 obleas por mes con tecnología de proceso de 2 nanómetros. A largo plazo, el objetivo es alcanzar un millón de obleas mensuales y fabricar entre 100.000 y 200.000 millones de chips personalizados para IA y memoria por año en la planta a gran escala.

El chip de IA de quinta generación de Tesla, AI5, es uno de los primeros productos elegidos para el programa piloto. La producción a pequeña escala está prevista para 2026, mientras que la fabricación en volumen arrancaría en 2027. Según trascendió, el proyecto tendrá dos instalaciones separadas dentro del campus de Giga Texas: una destinada a chips para robótica automotriz y humanoide, como el sistema de conducción totalmente autónoma de Tesla, el robotaxi Cybercab y la línea de robots Optimus; y otra enfocada en infraestructura de centros de datos de IA de alto rendimiento y despliegues orbitales.

Optimus tesla
La propuesta de Musk apunta a concentrar todo el proceso en un solo lugar. Es decir, todas las etapas de la producción de semiconductores, desde el diseño de chips y la litografía hasta la fabricación, la producción de memorias, el empaquetado avanzado y las pruebas, se harían bajo un mismo techo. (Fuente: Tesla)

Ese componente orbital es el punto que la mayoría de los análisis deja de lado. SpaceX, que completó la compra de xAI en febrero de 2026 mediante un intercambio de acciones que valoró a la entidad resultante en aproximadamente US$ 1,25 billones, construye una constelación de satélites de IA espaciales, conocida de manera interna como AI Sat Mini. Musk afirmó que el 80 % de la capacidad de procesamiento de Terafab se destinará a esa infraestructura orbital, mientras que el 20% restante irá a usos terrestres.

Por qué Musk dice que tiene que existir

El argumento de Musk, que expuso durante el anuncio de marzo, fue directo: "O construimos la Terafab, o no tenemos los chips, y los necesitamos, así que construimos la Terafab", afirmó. Según planteó, todas las plantas de fabricación actuales en la Tierra producen apenas cerca del 2 % de lo que Tesla y SpaceX necesitarán para sus proyectos.

Las cifras llaman la atención. Estados Unidos produce hoy alrededor de medio teravatio de chips por año. Frente a eso, la meta de Terafab, de un teravatio anual, duplicaría la capacidad actual de EE.UU. con una sola iniciativa. Como referencia, ese volumen equivale a cerca del 70% de la producción global total actual de TSMC.

La gran duda es si Musk de verdad necesita semejante capacidad de procesamiento. Tesla disolvió su equipo de chips Dojo D1 en agosto de 2025 y puso el foco en chips de terceros. El cronograma del robot Optimus sufrió demoras una y otra vez. El programa de robotaxis Cybercab enfrenta incertidumbre regulatoria. A la vez, la infraestructura de IA orbital depende de un ritmo de lanzamientos de Starship que todavía no se ajusta a las metas de Musk. En ese contexto, la demanda de procesamiento que proyecta parte de una premisa exigente: que todos esos programas alcancen la escala prevista, algo que por ahora está lejos de estar asegurado.

Elon MUSK (SÍ, SE PUEDE USAR)
Elon Musk quiere construir una fábrica de chips capaz de producir un teravatio de potencia de cálculo para IA por año.Photo credit: (NASA/Aubrey Gemignani)

Lo que Intel realmente ofrece

El anuncio de Intel resultó menos preciso de lo que sugirieron los titulares. La compañía publicó en X que ayudaría a "reestructurar la tecnología de fabricación de silicio" y que aportaría su capacidad para "diseñar, fabricar y empaquetar chips de ultra alto rendimiento a gran escala". Hasta ahora, no difundió más información sobre puntos específicos, como compromisos económicos, plazos, participación accionaria o asignación de capacidad.

Tom's Hardware marcó esa ambigüedad. Según el medio, la descripción de Musk apunta a una planta de producción concreta, mientras que la redacción de Intel se parece más a "un ecosistema virtual de producción de semiconductores, o incluso un consorcio". A la vez, no queda claro en qué se diferenciaría ese consorcio de un acuerdo habitual de suministro de obleas.

La lógica estratégica de Intel salta a la vista. La compañía pasó años con el objetivo de convertir su capacidad de fabricación en un negocio de fundición para terceros que compita con TSMC. Si Terafab se materializa, sería el cliente más importante al que podría acceder. Incluso si Terafab no alcanza nunca su meta de teravatios, convertirse en el principal socio de fundición de un megaproyecto de semiconductores liderado por Musk tendría un peso fuerte en la reputación de Intel dentro de su estrategia de reorientación hacia ese negocio.

Para Musk, la lógica también resulta clara. Construir una fábrica de chips figura entre los proyectos de infraestructura corporativa más complejos que existen, y suele exigir años de trabajo y más de US$ 20 mil millones para una sola instalación, además de miles de máquinas de ultraprecisión. Tesla y SpaceX tienen experiencia en fabricación, pero no en la producción de chips. En ese contexto, delegar en Intel la construcción de la planta elimina el mayor riesgo de ejecución del proyecto.

INTEL (SÍ SE PUEDE) CEO
El 7 de abril, Intel anunció que se sumaría al proyecto Terafab como socio de fundición, junto con SpaceX, Tesla y xAI (Foto: Intel)

El ángulo de la infraestructura eléctrica

Un chip funciona como el cerebro. Un sistema de gestión de energía, como el metabolismo. A medida que las GPU y los chips de IA personalizados superan los 1.000 vatios cada uno, el cuello de botella pasa de la capacidad de procesamiento al suministro eléctrico. Cada vatio que se pierde en forma de calor es un vatio que los sistemas de refrigeración deben disipar, un vatio que no llega al silicio y un vatio que condiciona el diseño general del sistema.

Ese espacio es el que cubre Monolithic Power Systems (MPWR). La empresa diseña semiconductores de gestión de energía de alta eficiencia que reducen y estabilizan la electricidad antes de que llegue al procesador. A comienzos de 2026, Goldman Sachs definió a MPWR como una "oportunidad de compra generacional" y describió la gestión de energía como el "cuello de botella más infravalorado" dentro de la cadena de suministro de IA.

Las cifras respaldan esa tesis. MPWR registró ingresos por US$ 2.790 millones en 2025, un 26,4% más, mientras que el beneficio operativo avanzó 35,1%. Los ingresos del cuarto trimestre de 2025, de US$ 751,2 millones, quedaron por encima de las previsiones, y la proyección para el primer trimestre de 2026, de entre US$ 770 millones y US$ 790 millones, también superó con amplitud los US$ 732 millones que esperaba Wall Street. Además, la dirección elevó el dividendo 28%, hasta US$ 2,00 por acción. Para 2026, la empresa prevé que el crecimiento de los ingresos de Enterprise Data será de al menos 50%, frente a su estimación anterior de entre 30% y 40%. A eso se sumó el avance de más de 40% que mostraron en 2025 los segmentos de datos no empresariales, como automoción, comunicaciones y almacenamiento.

Las acciones acompañaron ese desempeño: subieron cerca de 90% en el último año y tocaron un máximo histórico de US$ 1.312,94 a comienzos de abril de 2026, con una capitalización de mercado cercana a US$ 51.700 millones. En la actualidad, la empresa cotiza en torno a 54 veces sus ganancias futuras, una prima que refleja su perfil de crecimiento y su lugar dentro del suministro de energía para IA.

¿Qué impulsa de verdad los ingresos de MPWR?

El foco de MPWR en la robótica humanoide se lleva buena parte de la atención, pero ocupa un lugar secundario. El negocio central de la compañía pasa por los datos empresariales, con servidores de IA y centros de datos, además de las arquitecturas automotrices de 48 voltios. Los robots humanoides aparecen, por ahora, como un mercado a futuro que todavía no tomó volumen relevante. Hoy, los ingresos y el crecimiento salen de los módulos de alimentación de Nvidia Blackwell, los conectores de alimentación de silicio para chips de IA personalizados y la electrificación de los vehículos eléctricos.

En la mirada optimista, MPWR queda bien posicionado para captar hasta 70% de cuota de mercado en las próximas plataformas de GPU Vera Rubin de Nvidia, un escenario que le daría sostén al crecimiento de los ingresos hasta 2028. A eso se suma la transición hacia la arquitectura de 48 voltios en los servidores de IA y en los vehículos eléctricos, un cambio que juega a favor en el largo plazo. Además, los programas de silicio personalizado de Google, Amazon y Meta abren nuevas oportunidades para la empresa.

Del otro lado, el escenario adverso también aparece documentado. Renesas e Infineon ganan terreno en las soluciones de energía digital de Nvidia, y las proyecciones indican que Infineon se quedaría con entre 60% y 70% de la gestión energética de Blackwell. Al mismo tiempo, la valuación de 54 veces las ganancias futuras deja poco margen para errores y exige una ejecución sostenida. A eso se sumó el informe presentado ante la SEC el 27 de febrero, que reveló una reformulación de los estados financieros de 2024 y 2025 y abrió dudas contables. También llamaron la atención las ventas de información privilegiada, entre ellas la del vicepresidente ejecutivo y asesor jurídico general, que vendió acciones por US$ 1,58 millones el 1 de abril.

La relación entre Terafab y MPWR, de todos modos, es indirecta. Terafab está a años de alcanzar una producción a gran escala, incluso en las proyecciones más favorables. Además, Musk no cumplió los plazos previstos en la mayoría de sus principales programas de hardware. Por eso, en el corto plazo, los ingresos de MPWR dependen de Nvidia, de los chips personalizados de los hiperescaladores y del mercado automotor, y no de una eventual comercialización masiva del robot Optimus de Tesla. Aunque es cierto que los robots necesitan chips de gestión de energía, ese factor no define los ingresos de MPWR en los próximos dos años.

La historia estructural

Más allá de que alcance o no el objetivo del teravatio, lo que Terafab representa en realidad es la señal más reciente de que la demanda de computación para IA ya se trata como un problema de infraestructura nacional y no como una cuestión de mercado. Los grandes proveedores de servicios en la nube construyen plantas de gas. Anthropic impulsa el Proyecto Glasswing con doce socios identificados. Nvidia apuesta por la arquitectura Vera Rubin. Oracle despide a 30.000 empleados para financiar US$ 50.000 millones en gastos de capital. Y Musk propone una planta individual de chips con una capacidad de producción superior a la actual de Estados Unidos.

El desarrollo de la infraestructura para IA avanza a una escala en la que los tropiezos de proyectos puntuales pesan menos que el patrón de gasto agregado. Incluso si Terafab no cumple sus objetivos, los socios involucrados construirán algo. Incluso si MPWR pierde cuota de mercado frente a Renesas e Infineon, el mercado potencial total para la gestión de energía de alta eficiencia se expande a un ritmo mayor que el deterioro que cualquier cambio competitivo pueda provocar en la posición de un actor puntual.

Para MPWR, la clave como inversión no pasa por si el desarrollo de infraestructura para IA va a continuar, sino por si logrará sostener su posicionamiento premium frente a competidores que hoy disputan de manera activa su cuota de mercado. La respuesta dependerá de la ejecución de los contratos de diseño con Vera Rubin, de la transición hacia la arquitectura de 48 voltios y de si la presentación de resultados del primer trimestre de 2026, prevista para el 29 de abril, confirma que el crecimiento mínimo del 50% en Datos Empresariales responde a la demanda y no a pedidos duplicados de los clientes. Ese es el dato central a seguir.

Créditos de la imagen de apertura: Chip Somodevilla / Getty Images

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.

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