La inflación en Estados Unidos volvió a tomar velocidad en abril y reforzó la preocupación de Wall Street por el impacto económico de la guerra con Irán. El dato que más inquietó al mercado fue claro. Los precios al consumidor subieron 3,8% interanual y 0,6% contra marzo, por encima del 3,7% que esperaban los analistas.
El informe de la Oficina de Estadísticas Laborales marcó la mayor tasa anual desde mayo de 2023, cuando la inflación llegó al 4%. La aceleración volvió a poner en primer plano el costo de la energía, un rubro que presiona sobre los hogares, las empresas y las expectativas de los inversores.
Para el mercado de acciones, el dato llegó en un momento sensible. La inflación subyacente, que excluye alimentos y energía, avanzó 2,8% en abril, también por encima del 2,7% proyectado. Ese número mostró que la presión no quedó limitada al petróleo o la nafta, sino que alcanzó a otros sectores de la economía.
La energía volvió a empujar el índice
El índice energético subió 3,8% en abril, luego de un salto del 10,9% en marzo. Según los datos oficiales, ese rubro explicó cerca del 40% de todos los aumentos de precios registrados durante el mes. La guerra con Irán alteró el suministro de petróleo y trasladó la tensión geopolítica a los surtidores, las tarifas y los costos logísticos.
El impacto también se sintió en el transporte aéreo. Las tarifas de vuelos aumentaron 20,7% en los últimos 12 meses, el mayor incremento anual desde febrero de 2023. La suba quedó asociada al encarecimiento del fueloil, que trepó 5,8% frente al mes anterior.

Donald Trump dijo a CBS News que planea suspender de manera temporal el impuesto federal a la gasolina para aliviar la presión sobre las estaciones de servicio. La medida, sin embargo, tendría un efecto limitado. Ese tributo representa 18,3 centavos por galón de nafta y 24,3 centavos por galón de diésel.
Con esa baja, el precio promedio de la nafta pasaría de US$4,50 a US$4,32 por galón. En el caso del diésel, descendería de US$5,64 a cerca de US$5,40. La reducción podría dar algo de aire a los consumidores, aunque no cambiaría el origen del problema, que sigue vinculado al costo internacional de la energía.
La Fed queda bajo presión por las tasas
El próximo foco estará en la Reserva Federal. Las actas de la última reunión de política monetaria se publicarán el 20 de mayo y darán nuevas señales sobre el debate interno por las tasas de interés. En abril, el Comité Federal de Mercado Abierto votó 8 a 4 a favor de mantenerlas entre 3,5% y 3,75%.
Ese resultado mostró la mayor cantidad de votos en contra desde 1992. La Fed sostuvo que la inflación seguía “elevada” por el aumento de los costos energéticos provocado por la guerra con Irán. Para los inversores, el riesgo es que el banco central mantenga una postura más restrictiva por más tiempo, con impacto directo sobre crédito, consumo y acciones.

El deterioro del ánimo social también suma presión. La encuesta de sentimiento del consumidor de la Universidad de Michigan mostró que la percepción sobre la economía cayó a un mínimo histórico en abril y volvió a deteriorarse en mayo. Joanne Hsu, directora del relevamiento, vinculó ese malestar con el salto de los costos, en especial con la suba de la gasolina.
La mirada de los consumidores sobre su situación financiera actual cayó al nivel más bajo desde 2009, aun cuando sus expectativas de inflación bajaron. Los encuestados esperaban un aumento de costos del 4,5% durante el próximo año.
Kathy Bostjancic, economista jefe de Nationwide, advirtió que podrían pasar meses antes de que el petróleo, el gas, el diésel y otras materias primas energéticas regresen a los niveles previos a la guerra. Esa demora explica por qué la inflación volvió a ser una amenaza central para la Casa Blanca, la Fed y Wall Street.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.