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Cinco ganadores y perdedores poco conocidos en la guerra de Irán hasta el momento

Michael P. Dempsey

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China gana margen estratégico por su preparación energética, los fabricantes de drones y sistemas antidrones se perfilan entre los grandes beneficiados del nuevo ciclo de gasto en defensa, y Medio Oriente enfrenta pérdidas millonarias que amenazan la inversión y el empleo.

13 Abril de 2026 08.42

Tras dos semanas de alto el fuego en Irán, ya se pueden identificar algunos ganadores y perdedores iniciales, más allá de los protagonistas principales.

Aunque varios de los países y las tendencias que aparecen a continuación no recibieron tanta atención pública como los actores centrales de la guerra —Estados Unidos, Irán e Israel—, creo que van a influir de manera decisiva en el escenario geopolítico de los próximos años.

Dos ganadores tempranos

China

Aunque gran parte de la atención se centró en los beneficios que Rusia obtuvo del conflicto, China también sacó ventaja de maneras menos visibles.

La política diplomática tradicional de China se centra en asegurar la estabilidad geopolítica y en evitar posibles alteraciones en su economía. Por su dependencia del petróleo de Oriente Medio —China importa cada año alrededor del 13% de su petróleo solo de Irán—, el país se preparó con cuidado en los últimos años para enfrentar el tipo de turbulencia de mercado que afronta hoy.

A principios de 2026, Pekín aumentó las importaciones de petróleo como resguardo ante posibles crisis y, en los últimos años, acumuló una reserva estratégica de entre 1.300 y 1.400 millones de barriles. A la par, impulsó el desarrollo de una economía de energías limpias de primer nivel. 

El estrecho de Ormuz
Estrecho de Ormuz. (Foto: NASA)

Ese proceso incluyó la creación de una fuerte industria de vehículos eléctricos y la expansión de la generación de energía local, con un uso extendido de paneles solares y otras fuentes renovables. Por eso, muchos consideran que China quedó mejor posicionada que la mayoría de las otras grandes potencias para atravesar una crisis petrolera y sostener el crecimiento de su economía.

Mientras tanto, Pekín se movió con habilidad en la búsqueda diplomática de una salida a la guerra. Mantuvo conversaciones con varios países, entre ellos Rusia, Omán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, y además coordinó de cerca con Pakistán la elaboración de un plan para poner fin a las hostilidades y reabrir los flujos de petróleo.

Los críticos de la estrategia china sostienen que su diplomacia en tiempos de guerra tuvo más apariencia que sustancia. Aun así, resulta difícil discutir que China, hasta ahora con poco costo, amplió su perfil diplomático global al abrir conversaciones para resolver un conflicto en una región en la que históricamente ocupó un papel secundario. Además, mejoró su reputación como un actor global responsable.

Por último, Pekín también saca una ventaja clara del fuerte compromiso militar de Estados Unidos en la guerra contra Irán, sobre todo por el despliegue de miles de soldados, decenas de buques de superficie, el fuerte gasto en municiones convencionales y avanzadas, y la pérdida de cazas de combate de última generación y de un valioso avión de mando y control. Por eso, más allá de lo que expresen en público los diplomáticos chinos, en Pekín ven con evidente satisfacción a Estados Unidos atrapado en otro conflicto costoso en Oriente Medio.

Fabricantes de drones y sistemas antidrones

Otro grupo de empresas que se beneficia en esta etapa inicial es el de las dedicadas a la producción de drones, tanto de baja como de alta tecnología, junto con las que desarrollan sistemas para neutralizarlos.

Vista aérea de un dron volando sobre exuberante vegetación y agua, capturando impresionantes escenas al aire libre.
Los fabricantes de drones se vieron beneficiados por la guerra en Medio Oriente. (Foto: Pexels)

Con el fuerte salto del gasto global en defensa que, según las proyecciones, llegará a US$ 2,8 billones este año, es casi seguro que una parte importante de esos fondos vaya a compañías de este sector. El motivo es claro: los drones mostraron una eficacia contundente en el campo de batalla, tanto en el conflicto entre Rusia y Ucrania como en la guerra de Irán.

Actualmente, se estima que el mercado global de drones militares llegará a US$ 16.000 millones en 2025 y crecerá hasta US$ 23.000 millones hacia el final de la década. Ese avance responde a la variedad de misiones militares que cumplen los drones: ataques de precisión, tareas de inteligencia, reabastecimiento logístico y detección de minas. A eso se suma que la guerra de Irán probablemente eleve aún más el interés global por estos equipos, tanto entre actores estatales como no estatales.

Tres perdedores iniciales

Medio Oriente

Sin dudas, el último mes resultó muy duro para los estados del Golfo y para la región en general. Además del golpe a la reputación internacional de los países del Golfo como refugio político y económico seguro, los daños materiales que provocaron los misiles y drones iraníes en aeropuertos, hoteles, puertos y otra infraestructura civil crítica de la zona probablemente demandarán años de reparación. Del mismo modo, la destrucción interna que sufrió Irán tardará cerca de una década en superarse, sin importar quién termine en el poder.

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Tras dos semanas de alto el fuego en Irán, ya se pueden identificar algunos ganadores y perdedores iniciales, más allá de los protagonistas principales. (Foto: Pexels)

A la vez, a medida que la guerra ganaba intensidad y se expandía más allá del Golfo, también crecieron los daños en otras partes de Oriente Medio. Funcionarios de la región ya advirtieron que el conflicto puede empujar a muchos más países de Oriente Medio, entre ellos Líbano, Jordania y Egipto, a una grave crisis económica. La ONU estima que la guerra podría implicar la pérdida de hasta 4 millones de empleos, empujaría a millones de personas a la pobreza en todo el mundo árabe y recortaría la producción económica regional hasta en un 6%, una cifra equivalente a casi US$ 200.000 millones.

Igual de preocupante resulta el fuerte daño económico y físico que la guerra les causó a los países del Golfo. La ONU estima hoy una pérdida de más de US$ 150.000 millones del PBI solo para esos países. Ese golpe limitará severamente su capacidad para financiar proyectos de reconstrucción en Oriente Medio una vez que termine la guerra y dejará esos esfuerzos sin una de sus fuentes tradicionales de financiamiento.

Relaciones entre la OTAN y Estados Unidos

Lamentablemente, la alianza de la OTAN y el vínculo de 77 años con Estados Unidos aparecen como otra posible víctima de la guerra, con una chance concreta de que el presidente Donald Trump reconsidere el compromiso de Washington con la OTAN en los próximos meses.

La frustración de Trump con la OTAN viene de hace tiempo y se profundizó con los años, a partir de una larga lista de reclamos. Entre ellos, sobresale la idea de que la OTAN no destina suficiente dinero a su propia defensa. Ahora se sumó otro foco de tensión: la negativa de la organización a asistir a Estados Unidos y a participar en las hostilidades contra Irán, en particular para colaborar en la apertura del estrecho de Ormuz.

Imagen principal
La alianza de la OTAN y el vínculo de 77 años con Estados Unidos aparecen como otra posible víctima de la guerra. (Foto: OTAN)

Más allá de que los argumentos de Trump resulten válidos o no —y, para ser claros, considero que la alianza con la OTAN es una base clave de la seguridad de Estados Unidos y que romper ese vínculo sería un error estratégico—, todo indica que, después del conflicto con Irán, su malestar con la OTAN llegó a un punto límite. En mi opinión, la administración pronto empezará a preparar el terreno para una desvinculación de la alianza.

Otra consecuencia menos comprendida del deterioro de la relación entre Estados Unidos y la OTAN es el impacto que tendrá sobre las empresas de defensa estadounidenses que buscan exportar armamento a Europa. Alcanzar con mirar que varios países europeos planean invertir cientos de miles de millones de euros en compras de defensa antes de 2030, con el objetivo concreto de prepararse para un posible conflicto con Rusia.

Al mismo tiempo, el plan de implementación de defensa de la Unión Europea deja en claro la intención de que una parte importante de ese gasto quede en manos de empresas europeas de defensa y no de corporaciones estadounidenses, que fueron durante décadas la fuente tradicional de equipamiento militar para Europa. Como muestra de ese cambio, el último plan de compras militares de Alemania contempla más de 150 adquisiciones de peso en defensa a lo largo de este año, y solo el 8% quedará en manos de proveedores estadounidenses. Se trata de un giro fuerte frente a la tendencia de las últimas décadas.

En mi opinión, la reciente decisión de Europa de tomar distancia, al menos en parte, de Estados Unidos en materia de seguridad va a complicar con el tiempo la capacidad de los aliados estadounidenses y europeos para realizar operaciones militares conjuntas, por las diferencias entre plataformas de combate, sensores y sistemas de comunicación. Además, a medida que los presupuestos de defensa de Estados Unidos se achiquen en los próximos años por la presión fiscal, va a subir el costo de mantener activas las líneas de producción de armamento estadounidense ante la falta de mercados de exportación clave.

Las normas de guerra

Un soldado camuflado con una rosa roja en un rifle en medio de edificios en ruinas al atardecer.
Sin dudas, el último mes resultó muy duro para los estados del Golfo y para la región en general. (Foto: Pexels)

Otra víctima clara de este conflicto es el daño que sufrieron las normas de guerra vigentes desde hace décadas. Entre ellas aparecen:

  • El respeto por las fronteras nacionales, como quedó expuesto con la invasión israelí del sur del Líbano.
  • Las disposiciones que prohíben los ataques letales contra líderes nacionales y civiles no combatientes.
  • La violación de las restricciones que impiden atacar infraestructura civil, incluidos edificios residenciales e instalaciones críticas de energía y agua.
  • El presunto uso de armas prohibidas, como las municiones en racimo, contra poblaciones civiles.
  • Y el bloqueo del estrecho de Ormuz, que muchos consideran una vía marítima internacional y cuyo cierre se interpreta como ilegal según el derecho internacional.

Lamentablemente, esta tendencia ya se vio en otros conflictos recientes, como la guerra civil siria, donde se usaron armas químicas contra civiles; la devastación en Gaza, que incluyó bombardeos israelíes sobre zonas residenciales y evacuaciones forzadas; y la guerra entre Rusia y Ucrania, en la que Rusia atacó de forma regular ciudades ucranianas, hospitales, edificios de departamentos, el sector energético del país y otra infraestructura crítica.

El deterioro sostenido de las normas de guerra que la comunidad internacional fijó en la década de 1940 y en los años posteriores para limitar la matanza en los conflictos armados resulta especialmente inquietante. Todo indica que ese proceso volverá los próximos enfrentamientos más violentos, más destructivos para la población civil y, casi con seguridad, más difíciles de resolver y de reconstruir después.

*Imagen de portada: Foto de la Armada de los EE.UU. vía Getty Images

*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com

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