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Fotos Pavel Calahorrano Betancourt

Summit Succession: la continuidad de una empresa familiar empieza mucho antes del relevo

Julissa Villanueva Periodista

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El relevo generacional plantea desafíos patrimoniales, tributarios y de gobernanza que pueden definir el futuro de la empresa. La planificación es clave.

26 Agosto de 2026 09.43

La sucesión en una empresa familiar no debe comenzar cuando el fundador decide retirarse, sino mucho antes, mediante una planificación que prepare a las nuevas generaciones, establezca reglas claras y garantice la capacidad de separar los vínculos familiares de las decisiones empresariales.

Esa fue una de las principales conclusiones del Summit Succession, realizado el  martes 25 de agosto en el Paseo San Francisco, Quito, que reunió a empresarios familiares y especialistas para analizar los desafíos que enfrenta la continuidad de los negocios de una generación a otra.

El encuentro comenzó con el segmento Spotlight, en el que participaron Johanna Herdoiza, gerente Legal & Gestión Fiduciaria de Anefi, y Alejandro Páez, socio de Pérez Bustamante & Ponce Abogados.

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Alejandro Páez y Johanna Herdoiza, en el Spotlight.

La conversación partió con cifras de contexto: el 90 % de las empresas en Ecuador son familiares y generan cerca de la mitad del PIB. Sin embargo, el 85 % no cuenta con un plan de sucesión y el 87 % desconoce cómo estructurar un protocolo familiar. 

Para Herdoiza, la ausencia de reglas afecta simultáneamente a dos espacios que están estrechamente vinculados: la familia y el negocio. “Hay una línea muy delgada entre cuáles son los bienes de la familia y cuáles, de la empresa”, advirtió.

Además, explicó que no contar con un protocolo claro puede llevar a que las siguientes generaciones tengan que enfrentar procesos judiciales de partición, con el riesgo de deteriorar las relaciones que se construyeron durante décadas.

“Estos juicios generalmente lesionan las relaciones interfamiliares y ponen en riesgo la continuidad de la unidad del grupo familiar”, indicó.

Para Herdoiza, la falta de reglas de gobernanza, propiedad y distribución de dividendos también puede comprometer la continuidad operativa de las empresas. Además, el impacto alcanza también a los trabajadores y a sus familias.

Páez puso el foco en la dispersión patrimonial, como otro riesgo. Una sucesión que no ha sido organizada puede hacer que el patrimonio termine distribuido entre varias ramas familiares y, con el paso del tiempo, pierda cohesión.

“Desde el punto de vista legal, definitivamente el no tener una planificación ordenada implica principalmente que el patrimonio se disperse. Entran varios miembros de la familia, segunda, tercera generación, luego ahí puede haber divorcios, entonces el patrimonio se va diluyendo entre varios miembros de la familia en lugar de quedar consolidado como uno solo”. 

El componente tributario también apareció como una variable que, según Páez, no puede dejarse para el último momento. El abogado señaló que una gran cantidad de ecuatorianos no cuenta con un testamento y que, cuando ocurre el fallecimiento, las familias pueden encontrarse con obligaciones tributarias para las que no tienen liquidez. En determinados casos, esto puede obligarlas a vender activos para cumplir con esas obligaciones.

La alternativa es anticiparse. La planificación patrimonial en vida permite evaluar estructuras y mecanismos que ayuden a mantener unido el patrimonio y aprovechar las herramientas previstas en la legislación. Entre ellas mencionó los fideicomisos como estructuras que pueden contribuir a organizar el patrimonio familiar.

“Hay emprendedores que dicen: ‘soy pequeño’ y esperan crecer para organizarse, pero cuando crecen ya es difícil, lo mejor es hacerlo desde el principio”, recomendó.

Un proceso gradual

En la masterclass, Carlos Andretta, gerente regional de Fiducia, amplió la mirada sobre el tema. Según explicó, no se trata únicamente de transferir activos o asegurar el futuro económico de las nuevas generaciones, sino de transmitir valores, identidad, autonomía y significado.

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 Carlos Andretta.

En esa línea, destacó la importancia de contar con un protocolo familiar que establezca reglas claras para las relaciones entre los miembros de la familia y la empresa.

Andretta también planteó que una transferencia total y repentina puede convertirse en un riesgo para la organización. “Toda sucesión que empieza cuando el fundador decide retirarse empezó muy tarde”, afirmó.

La experiencia de la cafetería mantense Dulce y Cremoso permitió observar este proceso desde la perspectiva de una nueva generación. Valeria Montesinos, gerente general, destacó el compromiso de mantener el carácter familiar del negocio. “Dulce y Cremoso tiene que seguir siendo una empresa familiar”, remarcó.

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Valeria Montesinos y Valentina Flores, de Dulce y Cremoso.

Mientras que su hija, Valentina Flores Montesinos, gerente de cafeterías, habló sobre el reto de asumir responsabilidades dentro de una empresa construida por sus padres. Para la nueva generación, el proceso implica aprender, ganar experiencia y construir progresivamente la confianza necesaria para asumir mayores responsabilidades.

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Michael Taunton, gerente comercial de Nova Ecuador.

La gestión de riesgos como parte de la continuidad empresarial también fue parte del Summit. Michael Taunton, gerente comercial de Nova Ecuador, señaló que la planificación debe contemplar escenarios de crisis, protección patrimonial y riesgos emergentes, incluidos los ciberataques.

Los seguros, explicó, forman parte de una estrategia de continuidad que permite reducir pérdidas y proteger la operación cuando una empresa enfrenta situaciones inesperadas. “No importa el tamaño de la empresa. Los seguros garantizan continuidad y forman parte del plan estratégico de sucesión. Te dan paz mental en momentos de crisis”. 

De transferir activos a transmitir un legado

Durante el panel principal, se trazaron algunas conclusiones como que la sucesión también implica transmitir conocimiento, valores, identidad y una manera de entender el negocio y la vida.

Gonzalo Cucalón, gerente general de Banrio Casa de Valores, planteó que el conocimiento puede constituir uno de los legados más importantes de una familia empresaria. La reflexión se trasladó hacia aquello que permite que una generación sea capaz de construir su propio camino.

“Hay que apostar por la formación. Todo lo que ocurre puede afectar, pero es importante mantener los valores”, puntualizó.

Además, hizo hincapié en que el concepto detrás de la empresa es satisfacer necesidades de la gente. “Es innegable que tiene que haber una total alineación de las metas del país con las metas de tu empresa. Tus clientes y para quienes trabajas y a quienes sirves son ciudadanos”.

Para Cucalón, trabajar con familiares implica aprender a ceder. No siempre una persona tendrá la razón y no todas las decisiones deben convertirse en una disputa por quién impone su criterio. La tolerancia y la capacidad de reconocer errores aparecen como competencias necesarias para preservar tanto la relación familiar como la empresa. “Trabajar con la familia sí implica mucha tolerancia y todo un ejercicio definitivamente de entender que hay que dejar cosas”.

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El panel principal del Summit Succession.

El caso de Marcos Galarza, CEO de Gala Importaciones, mostró lo que ocurre cuando la sucesión llega de manera inesperada. El ejecutivo relató que pertenece a la segunda generación de una familia vinculada originalmente al negocio ferretero y que la muerte de su madre aceleró un proceso para el que la familia no estaba completamente preparada.

No solo fue un momento emocionalmente complejo, sino también apareció la necesidad de distribuir los activos y reorganizar los negocios. La familia estaba integrada por cuatro hermanos y, ante la necesidad de repartir la herencia, finalmente optaron por dividir los negocios: una hermana quedó al frente de una ferretería, otra de otra ferretería. Él se concentró en la importadora

En este caso de Galarza, la división permitió que cada miembro de la familia siguiera un camino acorde con su experiencia y sus intereses. Con el tiempo, esa separación también permitió que los negocios crecieran. “El proceso que nosotros llegamos a tener fue bastante duro. Una por la pérdida de mi madre, nuestro pilar fundamental y también del negocio.
Lo que se realizó fue una división en el negocio”. Su hijo, de 20 años, forma parte de esa nueva etapa de planificación.

El caso de Proquim, representado por Alejandra Ponce, gerente general, mostró otra faceta del relevo generacional en la necesidad de aprender a trabajar con la familia y, al mismo tiempo, construir una estructura profesional para la empresa. 

Ponce explicó que ella y sus hermanos no habían imaginado que terminarían trabajando juntos. La incorporación a la empresa familiar se produjo de manera relativamente inesperada y los obligó a aprender sobre la marcha. “Nos vamos a seguir desarrollando, no solo como empresa, sino como familia”. 

Antonio Vásconez, presidente ejecutivo de Inselec, compartió una experiencia distinta sobre la decisión de profesionalizar la gestión y recurrir a personas externas para facilitar la transición.

Vásconez reconoció que asumir una posición para la que todavía no se estaba preparado podía convertirse en un problema. Su formación era técnica y no administrativa, por lo que la gerencia general representó un desafío. La respuesta fue buscar apoyo, fortalecer el directorio y contratar a un gerente externo que asumiera la administración cotidiana.

La decisión permitió que Vásconez pasara de concentrarse en las decisiones del día a día a ejercer como presidente ejecutivo, con una mirada más estratégica y enfocada en decisiones macro. Según relató, la empresa pasó de facturar alrededor de US$ 800.000 mensuales durante la etapa de transición de 2016-2017 a alcanzar una facturación anual de US$ 23 millones.

“Me encanta escuchar ideas de afuera. Mi padre no lo hacía y espero que mi hijo, que es de la tercera generación, tome sus decisiones. Yo no repetiría hacerme cargo de un puesto para el que no esté bien preparado. Mi profesión es técnica, mas no administrativa. Entonces no estuve bien preparado para eso. Entonces ahí es cuando levantamos la mano y pedimos ayuda.”

En conjunto, las intervenciones coincidieron en que la continuidad de una empresa familiar no depende únicamente de quién recibirá las acciones o la dirección, sino de cómo se prepara a las personas, cómo se protege el patrimonio y cómo se establecen reglas para la convivencia entre familia y empresa.

El Summit Succession dejó así una conclusión transversal: suceder no significa simplemente entregar el control, significa preparar a la siguiente generación para asumirlo. (I)

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