Pedro Maldonado Ordóñez Editor
De pronto las miradas están en la Luna y en el espacio. Desde el pasado 1 de abril el ser humano volvió a mirar a las estrellas, al espacio sideral, a ese lugar lleno de preguntas, de temores y que despierta la curiosidad de muchos. La conquista del espacio retornó a la agenda con un toque particular: es la era espacial en streaming.
Primero veamos lo que dice la NASA. La agencia espacial de Estados Unidos describe al primer vuelo tripulado del programa Artemis como “un paso clave hacia el regreso a largo plazo a la Luna y las futuras misiones a Marte”. Con la misión Artemis II, los astronautas de esta misión de la NASA sobrevolarán la Luna, por primera vez en más de 50 años.
Para algunos, los viajes a la Luna eran ya solo un relato épico que constaban únicamente en los libros de historia, pero para las nuevas generaciones es algo que va más allá de un nuevo trend o un nuevo reel de las redes sociales. Por eso vale la pena poner en perspectiva lo que está ocurriendo con Artemis II.
Veamos algunos datos. El hombre pisó la luna por primera vez en 1969 y desde ese año hasta 1972 un total de 24 astronautas viajaron al satélite en las misiones Apolo. Sin embargo, desde 1972 nadie volvió a pisar la Luna, ubicada a unos 384.000 kilómetros de distancia de la Tierra.
En estas cinco décadas y piquito, sin embargo, la exploración del espacio (y la fascinación) continuó con sondas espaciales que han recolectado y transmitido información valiosa de los anillos de Saturno, así como la composición gaseosa de Júpiter, por citar dos casos. Voyager y Juno son dos de esas sondas, ejemplos de la tecnología humana aplicada en los laberintos del espacio.
También cuentan los telescopios Hubble y James Webb que, en diferentes momentos, deslumbraron a científicos con imágenes espectaculares que lo único que hicieron es abrir nuevas interrogantes sobre el Universo.
Hoy la Artemis II es un reinicio del programa que nació a finales de lo años 60. Y si bien los astronautas de este viaje no tocarán la superficie lunar, cumplirán un trabajo que, según la NASA, nos llevará a la creación de una base en el satélite, en el largo plazo.
Pero primero, y como todo en la vida, hay que seguir un proceso. La NASA lo explica: “En el marco del programa Artemis, se enviarán astronautas a misiones cada vez más difíciles para explorar una mayor parte de la Luna con fines de descubrimiento científico, beneficios económicos y para sentar las bases de las primeras misiones tripuladas a Marte".
Y si todo sale bien, recién en 2028 la Artemis IV llevará astronautas que dejarán la huella de sus botas en la Luna. Mientras eso ocurre les comparto algunos datos de Artemis II. Fue creado en 2017 y hasta a fecha involucró a miles de personas, con un costo estimado de US$ 93.000 millones; solo la cápsula Orion, en la que están los cuatro astronautas, tiene un valor de US$ 20.400 millones.
Vale también mencionar que es la primera misión espacial en la que el streaming es un punto de apoyo. El despegue de la misión llegó a tener 2,8 millones de personas conectadas al canal de la NASA en YouTube y la transmisión en vivo sigue aunque con menor audiencia: 56.000 en la tarde del domingo 5 de abril. A esto hay que agregar que Netflix acaba de anunciar el fin de semana que transmitirá lo que resta del viaje. Es el espacio en vivo y en directo, ahora en las pantallas que llevamos en las manos casi todo el día.
Y en medio de todo esto Ecuador puede convertirse en un actor con un rol importante. Su ubicación geográfica, tanto en la mitad del mundo como en la costa del Pacífico, permite que el país sea visto como un punto estratégico: la velocidad del planeta en la línea ecuatorial alcanza los 1.670 kilómetros por hora y eso nos pone en ventaja frente a otros países que también están interesados en ser una suerte de puertos espaciales.
Andrés Terán lo explicó hace poco: “al lanzar un cohete desde esta línea hacia el este, el vehículo hereda esta velocidad inicial. Un cohete lanzado desde Ecuador puede llevar mucha más carga útil utilizando menos combustible que el mismo cohete lanzado desde Cabo Cañaveral. Somos, por derecho geográfico, la puerta más eficiente hacia el cielo”.
Pero eso no basta. Se necesita una estrategia que incluya un marco regulatorio, un marco de incentivos y tratados internacionales con países que lideran la carrera espacial. A lo anterior se suma el hecho de la diversidad geográfica que tenemos con Galápagos, los volcanes, la selva y la costa. Los astronautas tienen que cumplir entrenamientos en condiciones extremas y nuestras aguas en el Pacífico, así como nuestras montañas y selva pueden convertirse en centros de entrenamiento para las tripulaciones del futuro.
La tarea es así de simpe y así de complicada, pero lo cierto es que si se hacen bien las cosas Ecuador puede ser un eslabón clave en una industria que en 2024 movió más de US$ 415.000 millones. (O)