¿Comprarías un país por US$ 500?
Pero a pesar de los avances tecnológicos, mi primera impresión de esta nueva herramienta es que sigue en pañales, hecho que no representa un problema, sino una oportunidad gigantesca para crecer

Hace unos días experimenté por primera vez el metaverso. Me recordó a una reunión familiar que tuve hace muchos años, donde todos los primos 'grandes' se reunieron a ver la película Animatrix en VHS, mientras los primos 'chicos' jugábamos y teníamos prohibido acompañarlos. Años más tarde entendí la razón de mi exilio. Para quienes no la hayan visto aún, la trama se centra en el origen de la película Matrix, un mundo distópico que cuenta la historia de cómo los robots dominaron el mundo, encerrando a la raza humana en la matrix, un programa que creaba la ilusión de que las personas habitaban en el mundo real, mientras sus cuerpos físicos estaban encapsulados como baterías, para que las máquinas pudieran extraer energía a partir de las conexiones bioeléctricas generadas por el cuerpo humano.

Pero a pesar de los avances tecnológicos, mi primera impresión de esta nueva herramienta es que sigue en pañales, hecho que no representa un problema, sino una oportunidad gigantesca para crecer. Mi teoría es que estamos viviendo los primeros pasos de una nueva era a la que llamo: neo (nueva) matrix. Este concepto se basa en que estamos acercándonos proactiva y voluntariamente a un modelo de inmersión absoluto. Mientras Neo decidió tomar la pastilla roja para huir de ella, nosotros esperamos ansiosos a que llegue la azul para poder ingresar a la neomatrix.

Por ahora estamos limitados a los sentidos de la vista y el sonido, pero ¿cuánto tiempo pasará hasta que encontremos las conexiones neuronales que nos permitan saborear, oler y topar las cosas dentro del metaverso? ¿Cuándo podremos comer un platillo, sentir el viento en nuestro rostro mientras volamos u oler la fragancia de una flor en el mundo virtual? No creo que estemos muy lejos de esas posibilidades y considero que el día que crucemos ese umbral, nos convertiremos en dioses cuyos cuerpos yacerán en el sillón de nuestras salas.

Pero hasta que no ocurra esta profecía, al día de hoy, existen dos formas de ingresar al metaverso, a través de una computadora (como un videojuego) o usando las gafas de realidad virtual (para una experiencia más 'real'). El primer paso es crear un avatar, que es básicamente la forma de tu personaje. Modifiqué el mío para que sea lo más parecido a como me veo, sin embargo, la herramienta te permite elegir muchas opciones de cuerpo, cabello, cejas, ojos, cara, color de piel, ropa, accesorios y demás (el espacio perfecto para hacer 'catfishing').

Una vez dentro, puedes interactuar con el mundo virtual como si estuvieras en el real. Las gráficas aún son muy limitadas, como una versión antigua de SIMS, pero el audio llamó mucho mi atención, ya que replica la forma que escuchamos los sonidos en el mundo real (mientras más cerca estés de la fuente más alto suenan). Además, puedes limitar el acceso de sonido para mantener reuniones privadas en lugares específicos. La noción del espacio y la escala de los bienes raíces también cambia. Por la suma de solo US$ 500 puedes comprar tu propio país y si lo deseas, tu propio planeta. Con ello, las compañías pueden construir ciudades enteras para que sus empleados mantengan reuniones de negocio, eventos y hasta espacios recreativos como discotecas.

La sensación que me llevo es la misma que debieron haber sentido los padres del internet, la incertidumbre de una revolución que volverá a cambiar la forma en la que percibimos la realidad. Quizás esta tecnología nos encierre permanentemente en nuestros hogares o tal vez el ser humano no esté preparado para vivir en la ilusión del Olimpo. De lo único que estoy seguro es que cuando les pregunté a mis amigos y familiares si estarían dispuestos a renunciar a su cuerpo físico para vivir en un paraíso virtual “all inclusive”, la mayoría no tuvo que pensarlo dos veces para responder que sí. (O)