El peor error que puede cometer un tipo que se siente enfermo
Después de revisar todo el vademécum no había más enfermedades, por lo que concluí que ya no me ocurría nada más. Sin embargo, me pregunté cuánto tiempo me quedaría de vida, así que creo voy a tener que ir al médico para que me revise y, sin duda alguna, volver a tomar tabalón.

No soy de los tipos que van frecuentemente al médico. No sólo porque no me gusta, sino porque cada vez que voy por alguna dolencia, me encuentran quinientas enfermedades que no sabía que tenía, sentía o existían.

Seguramente por circunstancias personales, ir al médico es toda una aventura. Me imagino que mi aversión para ir (tendría que ir donde otro terapista para ahondar en las causas de mis traumas) ocurrió alguna vez que fui de manera inocente donde uno por una dolencia. Me había torcido el tobillo jugando fútbol, sin embargo, y no sé porque circunstancia, el médico terminó revisándome el hígado, los riñones, el bazo, el yeyuno y otros órganos de nombre desconocido. Al médico le había llegado una máquina y quería probar los equipos conmigo. Por cierto, este médico tenía una especialización en medicina tropical. Claro, el idiota fui yo porque debía haber ido donde un traumatólogo. Sin embargo, no creí que por un tobillo inflamado me iban a dar vueltas como panqueque, embadurnar con geles fríos y poner un ultrasonido desde la coronilla hasta el juanete. Por suerte no me dejé hacer un tacto rectal, pero casi me convence. 

Siempre que iba, por cualquier cosa, era lo mismo. Y siempre estaba enfermo de algo. Como es lógico, las enfermedades se curan con reposo y medicina así que este médico tenía la costumbre de recetar una pastilla que servía para todo: Hepatitis, tome tabalón cada ocho horas. Dolor de tobillo, tabalón en el desayuno y en la cena. Migraña, tabalón cada seis horas. Para la gastritis, tabalón con las comidas. Mugre en las uñas, también tabalón. 

Sin duda quedé curado, pero de espanto. 

Hace unos días no me sentía muy bien. Aunque nunca está por demás ir al médico, me rehusé a ir por las causas antes descritas, pero me quedé con la curiosidad de saber qué podría tener. Así que decidí cometer el peor error que puede cometer un tipo que se siente enfermo: googlear. Empecé a investigar, enfermedad por enfermedad, cuáles eran las que padecía. Ahora es fácil dar con algún vademécum de enfermedades en el internet, así que la revisión es bastante sencilla. Revisé todas las enfermedades conocidas hasta ahora en una especie de manual en el que se detallaban con sus síntomas y con su posible tratamiento. Asustado empecé en mi peligrosa tarea, pero sobre todo afrontando la posibilidad de estar completamente enfermo y yo sin darme cuenta.

No recuerdo cual fue la primera dolencia que encontré (sin duda algún terrible y devastador azote) pero, antes de llegar a la mitad de la lista de los síntomas, supe que la había contraído. Me quedé paralizado. Después, con la indiferencia propia de la desesperación, revisé sí tenía algo más. La alopecia yo atribuía al paso de los años, pero no, era consecuencia de una dieta carente de nutrientes y también atribuí a la tiroides (siempre hay que echar la culpa a alguien), justamente por falta de tiroides. Descubrí que tengo ojo vago desde chiquito. Al principio me asusté porque pensé que podía ser contagioso y temí por el resto del cuerpo que a veces presenta síntomas severos. Luego me tranquilicé. Llegué a la tifoidea, leí los síntomas, descubrí que tenía tifoidea, que debía tenerla desde hacía meses sin saberlo. Me pregunté que más tendría porque el sarpullido que me estaba brotando no era normal. Llegué a la varicela y descubrí, como esperaba, que también la tenía, aunque su estado crítico vendría en un par de semanas. 

Constaté aliviado, debo reconocer, que padecía un déficit de atención e hiperactividad sólo en forma benévola. Tenía hepatitis y me preocupé porque descubrí que el hígado seguía un poco inflamado de la fiesta del fin de semana anterior. Estaba con cálculos en los riñones, con complicaciones graves y parece que había nacido con parásitos en el estómago. La gota atacaba con fuerza y en algún momento pensé que tenía vaginitis, por una leve comezón, pero lo descarté inmediatamente.  

Después de revisar todo el vademécum no había más enfermedades, por lo que concluí que ya no me ocurría nada más. Sin embargo, me pregunté cuánto tiempo me quedaría de vida, así que creo voy a tener que ir al médico para que me revise y, sin duda alguna, volver a tomar tabalón.  (O)