El pensamiento de Karl Marx ha tenido una influencia profunda en la historia política, económica y social del mundo. Sus postulados inspiraron revoluciones, movimientos sociales y sistemas de gobierno. Sin embargo, esto no ha funcionado y ha terminado todo en un gran cuento.
Sin embargo, como la narrativa está controlada por cheerleaders marxistas, usualmente solo se repiten los conceptos que quieren imponer y que les conviene para seguir manteniendo sus beneficios personales. Es decir, piden tolerancia y respeto quienes no tienen tolerancia ni respeto. Con esto, es necesario desentrañar algunos postulados que evidencian el fracaso de un sistema.
Por eso, sostiene que todos los conflictos sociales surgen por las luchas de clases desde el inicio de la historia. Esto es una mentira. Las clases sociales son un invento de fines del Siglo XVIII. No puede haber lucha de clases cuando no hay clases sociales que luchen. Antes había estamentos. Eran sociedades que no crecían y en las que te tocaba ocupar el puesto de tus padres. En estas sociedades, no tienen conflicto de clases porque no hay a donde subir. Esto cambia con los siglos por la estructura de clases actual (alta, media, baja). Esto hace que la posición social no está dada por tu nacimiento sino por tu capacidad de trabajar y generar riqueza. ¿Es más justo? Desde luego. Al menos es más justo que el estrato social esté dado por tu condición de nacimiento. Pero Marx y Engels parten de una equivocación en la que sostienen buena parte de sus postulados.
Pero aquí es justamente donde viene otra trampa: Marx sostiene que, si en esta sociedad capitalista tú no tienes trabajo, eres un desempleado que no tiene dinero y eres una víctima del capitalismo. Pero si consigues trabajo, entonces tienes un empleador que te explota y, por lo tanto, eres una víctima del capitalismo. Entonces, si tienes dinero y trabajo eres víctima y, si no tienes dinero y no tienes trabajo, también. Esta contradicción es un bucle que busca generar odio, victimización y resentimiento en cualquier circunstancia: si no tienes trabajo, ¡es una injusticia! Si tienes trabajo, ¡te explotan!
Entonces, ¿qué proponen los gobiernos comunistas (socialistas, populistas)? Que te mantenga el Estado. Sin embargo, el Estado no tiene dinero. Por eso, si te da dinero, es porque se lo quitó a alguien más. Pero al gobierno no le conviene que los trabajadores se destaquen porque dejan de ser sumisos al partido, a la ideología y, por tanto, a recibir órdenes de parte del gobernante. Si pensabas que con Marx el objetivo era que cada trabajador viva mejor, en realidad el objetivo no es ese, sino asegurar la revolución para permanecer en el poder y seguir sometiéndote. Por eso no quieren que vivas mejor, porque si vives mejor y te superas, la revolución pierde un revolucionario. Ahí está la trampa.
La historia nos ha demostrado que este es un sistema tremendamente injusto y empobrecedor. Las cifras indican que el socialismo es una máquina de crear injusticias, pobreza y corrupción. Los países más libres tienen un PIB casi ocho veces más grande que el de los países reprimidos y en los países que son libres, la pobreza es 25 veces menor que en otros que no brindan condiciones adecuadas a sus ciudadanos.
El socialista promete unidad, pero en realidad promueve el odio y la discordia. Crea enemigos (la prensa, los ricos, el imperio) para justificar sus patrañas y en vez de unir, separa. No existe la unidad si hay una verdad única. Es una ideología arraigada en la total ignorancia de la historia y se va en contra de la naturaleza propia del ser humano, que busca ser libre. Así, el socialismo termina siempre en una tiranía y la violencia, única forma de control, es la forma para someter a la sociedad.
Los socialistas supuestamente profesan la inclusión, pero solo buscan el pensamiento único y la falta de cuestionamiento a su régimen antinatural de sometimiento y represión. No hay diversidad ni aceptación a lo diferente sino imposición de un discurso que no se puede cuestionar ni discutir. La existencia de un discurso único que gira alrededor de la figura del líder es lo que imperará en un régimen sin libertades.
Es un régimen perverso y antidemocrático. Es un sistema opresor, violento, burocrático, corrupto, decadente y lo único que genera es atraso. La historia ha sido contundente. El mundo no es blanco o negro. Es entender que nos quieren imponer microrrelatos que destruyan la esencia de la sociedad para poder dividirla y así gobernar con más facilidad. No caigamos en la trampa. Simplemente hay cosas que no funcionan. (O)