A raíz de lo acontecido en Venezuela se presentan muchas interrogantes de toda naturaleza donde la mayoría aún no tiene respuesta. Uno de los temas es si el clima de violencia de calle y el de la órbita política va a detenerse, se va a mantener o va a subir. El proceso de la instalación del nuevo gobierno se producirá con una nueva elección presidencial o será respetando la voluntad del pueblo venezolano generada en los últimos comicios, resultado que fue violado flagrantemente por el gobierno de Maduro. Esta etapa será corta o larga. La vigencia de los más elementales principios democráticos como el respeto a las personas, a la propiedad privada, a las leyes e instituciones, será un componente inmediato, llegará en qué plazos y de qué forma. La participación del gobierno de los Estados Unidos en las decisiones en Venezuela será creciente, decreciente y en qué tiempo tendrán ese rol. Sin duda, probablemente nadie en el mundo, ni en los países citados tiene las respuestas a esta difícil coyuntura.
Lo que si es verdad es que siendo la democracia y el clima de la seguridad en Venezuela factores que cruzan transversalmente al ámbito político, social y económico, los gobernantes de ese país, nacidos o en ejercicio del poder, tendrán que enderezar la situación económica si buscan rehabilitar a Venezuela. Por esta urgente necesidad se estima fundamental que la reconstrucción económica de ese país regrese a los principios fundamentales que debe sustentar una economía sana y en progreso.
Por el lado monetario y financiero, deberá analizarse la coyuntura de liquidez en el país, disgregando el problema entre el movimiento del casi desaparecido bolívar con la presencia del dólar. Las fuentes de creación de ambos indicadores, su sostenibilidad y su relación de cambio. Este tema deberá valorarse para que los resultados permitan diagnosticar si es posible un retorno ordenado a una moneda venezolana o a un esquema tipo dolarización. El nivel de reservas internacionales y su suficiencia económica, las fuentes y usos de este indicador y su relación con los medios de pago en circulación, las importaciones y los indicadores fiscales, son espacialmente importantes revisar. La salud del sistema financiero, el rol de ese mercado como canalizador del proceso de ahorro e inversión, sus niveles de liquidez y solvencia, la independencia con las actividades del estado y con la comunidad internacional, forman parte de la agenda a seguir. Llegar a definir la real necesidad de liquidez para la reconstrucción del país es sin duda un elemento central del proceso.
La realidad fiscal es otra realidad a diagnosticar para una toma adecuada de políticas públicas. La estructura de ingresos y gastos del estado, su vulnerabilidad y su estructura, las relaciones entre el fisco con la actividad económica privada, el sector externo y el mercado financiero, tendrá que ser entendido para aplicar todos los correctivos que sean necesarios. El sistema tributario, la realidad de la deuda pública, la actuación estatal en la actividad económica, el tamaño y la eficiencia del gasto público, la estructura del gasto y su sostenibilidad, serán campos que requerirán una rigurosa inspección. Cómo está la interrelación entre las finanzas públicas con la balanza de pagos y el sector monetario tendrá que ser evaluado para los correctivos que se requerirán introducir.
Las cifras del sector externo como el comercio exterior, los rubros de inversión extranjera, de financiamiento externo y la realidad de las reservas internacionales deberán tener una prioridad en el análisis que se realice. Un sector externo enfermo puede contaminar las finanzas públicas y la situación del mercado monetario y financiero. La estructura del comercio exterior, los acuerdos de comercio, los socios comerciales, los convenios con otros países tendrán que ser minuciosamente revisados para evitar problemas de contagio a toda la economía.
En lo referente al sector real será esencial la mayor claridad posible de las fuentes de crecimiento y decrecimiento de la actividad productiva, la situación de los distintos sectores económicos, sus riesgos y oportunidades, la suficiencia productiva para las necesidades fundamentales de la población como la propia dotación de alimentos, son temas de especial relevancia. La evolución los precios, el fenómeno inflacionario, su comportamiento pasado y presente, sus principales causas y las predicciones, las cifras de empleo y el comportamiento de la población económicamente activa, son otros aspectos que tendrán que evaluarse. Los indicadores de pobreza, nutrición poblacional y la atención de salud así como la provisión de servicios básicos a nivel nacional deben revisarse para hacer que el proceso sea viable, inclusive para que políticamente sea sostenible.
Estas pocas ideas deberán plasmarse en un plan de acción con fechas, responsables, objetivos, metas e instrumentos. Debe existir un canal de comunicación y difusión de las políticas públicas para que el administrador estatal pueda brindar un norte, una hoja de ruta e ir ganando confianza en la población. La creación de expectativas favorables es una pieza fundamental para el éxito del proceso. La elección de profesionales venezolanos de prestigio y credibilidad que los hay y en abundancia deben ser los actores centrales, pues un proceso de esta naturaleza no puede alejarse de la realidad cultural del país.
Los lideres de opinión, la prensa libre que debe iniciar su rol activo de forma inmediata, los gremios, trabajadores, las universidades y centros académicos, son actores esenciales en este proceso. la liberación de presos políticos no puede esperar así como la limpieza del estado con una depuración de forma y de fondo, son también elementos a considerar para un proceso más eficiente.
Un enemigo que estará presente será el tiempo, pues será una seria restricción si el proceso se torna excesivamente largo y tortuoso, pues puede generar expectativas desfavorables en cuyo ambiente, que ojalá nunca se presente, puede dar al traste con cualquier buena intención de reconstrucción nacional.
Venezuela es un país rico en recursos naturales y tiene todo el derecho a ser nuevamente una nación próspera y democrática. Ese nuevo país sin embargo deberá nunca olvidar lo sucedido para lo cual siempre será necesario la aplicación de la justicia a los responsables de 26 años de abuso, tiranía, muerte, destrucción y persecución.
Todo el mundo aspira una Venezuela reconstruida, con su gente alegre que la creó en paz y en franco progreso. (O)