Las crisis energéticas de 2024, con apagones prolongados, incremento de más del 25% en las tarifas eléctricas para el sector industrial y la fragilidad del sistema energético terminaron de empujar a cientos de empresas a buscar alternativas. La energía solar dejó de ser una promesa para convertirse en una necesidad estratégica. Pablo López lo tenía claro desde mucho antes.
Fundó SolarTeam en 2020 con un modelo de proyectos solares a medida, diseñados según el consumo y requerimiento de cada cliente. Cinco años después la compañía cerró 2025 con una facturación de US$ 17 millones, cerca de 600 instalaciones ejecutadas y más de 120 megavatios en operación. Ha instalado más de 102.000 paneles solares e importado alrededor de US$ 20 millones en insumos y tecnología.
El camino hasta aquí estuvo lejos de ser fácil.
Empezar cuando nadie creía
Arrancaron con apenas US$ 10.000 y dos instalaciones residenciales. “Sentía que tocaba el cielo”. En ese entonces, la regulación impedía que los hogares generaran su propia energía y el mercado desconocía su potencial.
El primer reto fue educación y romper el paradigma de las planillas eléctricas. “Muchos creían que los paneles solo servían para calentar agua”. Ese año cerraron con US$ 32.500 en ventas. “Fuimos como tortugas tocando una por una, cientos de puertas, sin éxito”.
En 2021 llegó el gran salto: la primera planta solar para el grupo KFC, que abasteció a 26 restaurantes. Luego vinieron proyectos para Corporación Favorita, y residencias en Guayaquil. “Una planta de 2,5 Mw cuesta cerca de US$ 3 millones y significa un ahorro de US$ 600.000 por año. Eso implica que la inversión será recuperada en seis años”.
La crisis que lo cambió todo
El punto de inflexión llegó en 2024, cuando la crisis energética puso al país contra las cuerdas. “Nunca había cotizado tanto en mi vida, pero sin resultados”. Muchos clientes optaron primero por generadores a diésel o gasolina por ser más baratos en el corto plazo.
Cuando las tarifas para el sector industrial se incrementaron sobre un 25% el escenario cambió. Fue entonces cuando su teléfono no dejó de sonar. De siete clientes en 2023 pasaron a 57, en 2024, con siete industrias y 50 residencias. Vendieron más de 10 Mw y terminaron el año con una facturación de US$ 5 millones. Entre sus clientes están Itulpark, Nova Alimentos, Quicentro, Solca, Avícola San Isidro, Lacec, entre otros
Entre 2020 y 2025, esta empresa pasó de instalar 26 kilovatios a proyectar 100 megavatios anuales. Solo en 2025 importaron más de 68.000 paneles solares. Hoy gestionan más de 100 planes activos en sectores estratégicos como hospitales, retail, parques logísticos, minería e industrias alimenticia. “Acabamos de entregar a Santa Priscila la planta más grande del país de 6,6 Mw, con una inversión de US$ 6 millones”.
Su impacto va más allá de cifras y megavatios. Más que proveedor, López se define como asesor energético. Actualmente, cuenta con 15 colaboradores y proyecta cerrar 2026 con ventas superiores a los US$ 20 millones.
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López creció entre dos mundos. Estudió en el Intisana y luego en el Colegio Menor. “Esos contrastes me formaron. Salí confirmado de un colegio religioso, a nunca más confesarme después de laico”. Esa combinación marcaría su forma de liderar.
Entre 2003 y 2008 estudió Ingeniería Comercial en la Universidad Adolfo Ibáñez, en Chile. Fue un entorno conservador, competitivo y exigente. Era el único extranjero en su clase. No recuerda haber disfrutado la universidad. “Estudié full”. Se graduó con buenas notas y cursó un máster inmediatamente.
A los 24 años se fue a Mannheim, Alemania, siguiendo a un amor de entonces. Trabajó en una empresa de sensores, en el área financiera. Su cheque a fin de mes era de 8.000 euros. Desde afuera, todo parecía resuelto, por dentro no. “Ganaba bien, pero no era feliz”.
Regresó a Ecuador y pasó de ese salario europeo a ganar USD 800 en Multienlace. Volvió a vivir con sus padres. Luego asumió la gerencia financiera de Seguros Interoceánica, donde estuvo tres años. Ahí llegó el quiebre definitivo. “Odiaba mi trabajo. Solo veía números y Excel. Entendí que no era lo mío”.
La montaña como punto de inflexión
Era finales de 2012 cuando tomó una decisión radical. Renunció y sin nada al frente se fue de mochilero a China, el Tíbet y el Everest. López es andinista desde los 14 años. Ya había conquistado la cima del Cotopaxi y de varias montañas de menor altitud, pero ese viaje fue distinto. No había celulares peor comodidades y distracciones. “Ahí sí era santiguarse y nada más”.
A más de 5.300 metros de altura, en el campamento base del Everest, en medio del silencioso Tíbet, sin contacto con el mundo exterior, Pablo López terminó de entender que debía redireccionar su vida profesional. Poco antes de que su aventura terminara recibió la llamada que lo cambiaría todo. Su hermano y su cuñado le propusieron sumarse a un proyecto de energía solar. Su respuesta fue inmediata. “Si ganan la licitación, quiero ser parte”.
Mirar la cima
En 2013 nació Gran Solar empresa dedicada a la venta de energía al Estado. En ese momento, producir un kilovatio hora con paneles solares constaba US$ 0,40 centavos, hoy ronda los US$ 0,08. Un megavatio costaba US$ 3 millones; hoy cerca de US$ 600.000.
Como gerente general, López estructuró el proyecto financiero de una planta solar de 4 megavatios en Salinas de Ibarra. La inversión fue de US$ 12 millones, financiada en un 70 % por la CAF y el banco alemán KfW. La planta ocupa cerca de 10 hectáreas, factura más de US$ 2,3 millones anuales desde 2014 y abastece ener a las nueve distribuidoras eléctricas del país. La concesión se extiende hasta 2032.
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En 2016, mientras Ecuador apostaba casi exclusivamente por la energía hidroeléctrica, López le presentó al gobernador de Galápagos una propuesta para reducir el uso de combustibles fósiles en las islas. En este proceso se asoció con Tesla para desarrollar una microrred que reduciría en 30 % el uso de combustibles en el Archipiélago. La inversión estimada era US$ 70 millones. “En 2018 la iniciativa fue declarado de interés público y ganamos la licitación, pero los requisitos financieros y técnicos nos obligaron vender el 50 % a la petrolera francesa TotalEnergies”.
La adjudicación fue en 2023, pero aún no se ha iniciado su construcción. “No he puesto ni un perno. He hablado con más de 20 ministros durante los últimos tres gobiernos. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ya aprobó la garantía, pero el Ministerio de Finanzas todavía no firma”.
Pablo López sigue subiendo montañas. Hace pocas semanas volvió al Cotopaxi. Su sueño es hacerlo algún día con sus hijos. Para 2030, aspira que la energía solar represente entre el 7 % y el 8 % de la matriz energética nacional. (I)