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Jerome Powell, Presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos.
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Trump presiona a la Reserva Federal, pero las acciones siguen subiendo: qué hay detrás del aparente desinterés del mercado

Brandon Kochkodin

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Mientras crece la tensión entre la Casa Blanca y Jerome Powell, los índices bursátiles ignoran el conflicto. Un estudio reciente revela por qué la presión política no siempre asusta a los inversores.

15 Enero de 2026 07.10

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, dio un mensaje contundente el domingo por la noche. El Departamento de Justicia había enviado al banco central citaciones del gran jurado que incluían la amenaza de una acusación penal vinculada con el testimonio de Powell ante el Comité Bancario del Senado, el año pasado.

Según explicó el propio Powell, la investigación no apuntaba realmente a esa declaración ni al proyecto de renovación de larga duración en la sede de la Reserva Federal en Washington. En un mensaje en video, aseguró que el trasfondo era otro: presión. Según su interpretación, el objetivo era debilitar la capacidad de la Reserva Federal para fijar las tasas de interés en función de las condiciones económicas, y no de las exigencias del presidente. En palabras de Powell, Trump no quiere una Reserva Federal independiente.

Los analistas del mercado anticiparon una reacción fuerte. Algunos advirtieron que los inversores globales podrían empezar a cuestionar la solidez institucional de Estados Unidos. Incluso se reactivó el debate sobre una estrategia más amplia de "venta de Estados Unidos". Si la Casa Blanca consigue influir sobre la Reserva Federal, los inversores podrían exigir una prima de riesgo más alta para los activos estadounidenses.

Krishna Guha, director de política global y estrategia de bancos centrales en Evercore ISI, resumió ese temor en una nota publicada el domingo a la noche: "Esto es claramente una aversión al riesgo", escribió.

Eso no fue lo que pasó. Los mercados casi no reaccionaron. El S&P 500, el Promedio Industrial Dow Jones y el Nasdaq cerraron en alza. La expresidenta de la Reserva Federal y exsecretaria del Tesoro, Janet Yellen, advirtió que los inversores deberían "estar preocupados". Sin embargo, esa preocupación no se reflejó en ventas.

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Los analistas del mercado anticiparon una reacción fuerte. Algunos advirtieron que los inversores globales podrían empezar a cuestionar la solidez institucional de Estados Unidos

Trump ya había tenido cruces con Powell. Poco cambió. Los tribunales bloquearon hace poco un intento de destituir a la gobernadora de la Reserva Federal, Lisa Cook. Dos senadores republicanos, Lisa Murkowski, de Alaska, y Thom Tillis, de Carolina del Norte, ya anticiparon que frenarán cualquier nuevo candidato a la Reserva Federal hasta que avance la investigación del Departamento de Justicia.

Los republicanos tienen 53 bancas en el Senado. Para confirmar a un candidato hacen falta 51 votos. Eso muestra que, pese a todo, algunas barreras todavía funcionan.

Hay otra razón por la que la reacción del mercado fue moderada. La historia muestra que la presión sobre la Reserva Federal no perjudica automáticamente a las acciones.

La evidencia surge del Índice de Presión del Presidente de la Reserva Federal (FPPI), creado por Yosef Bonaparte, profesor de finanzas de la Universidad de Colorado en Denver. Bonaparte publicó su trabajo en 2025, tras analizar casi 69.000 artículos periodísticos desde 1980. Su objetivo era simple: medir cuánta presión pública ejercen los presidentes sobre la Reserva Federal y observar qué pasa en los mercados cuando esa presión crece.

La volatilidad cuenta solo una parte del fenómeno. Las oscilaciones del mercado tienden a incrementarse cuando sube la presión. Bonaparte sostiene que eso refleja incertidumbre, no pánico. Los inversores ajustan los precios mientras esperan ver cómo se resuelve el conflicto y si se mantiene el respaldo institucional a la Reserva Federal. Según el investigador, "la presión añade volatilidad, pero no necesariamente menores rentabilidades".

Jerome Powell
Hay otra razón por la que la reacción del mercado fue moderada. La historia muestra que la presión sobre la Reserva Federal no perjudica automáticamente a las acciones.

Los rendimientos muestran la otra cara. En promedio, las acciones registran subas levemente mayores cuando crece la presión sobre el banco central. Sin embargo, las ganancias se concentran en las empresas más chicas. Las acciones de gran capitalización casi no reaccionan, según la investigación de Bonaparte.

La explicación es simple. La presión política suele concentrarse en el repunte de los mercados, ya que eso implica, en muchos casos, una política monetaria más flexible a futuro. Cuando los presidentes intentan influir en la Reserva Federal, los inversores empiezan a anticipar tasas de interés más bajas o un posible ajuste más adelante. Ese escenario suele impulsar el precio de las acciones, sobre todo en las empresas más chicas y sensibles a los movimientos de tasas.

El estudio de Bonaparte muestra que los períodos con mayor presión política están seguidos por expectativas de tasas más bajas a corto plazo durante los meses siguientes.

El índice refleja con claridad los hechos recientes. Se dispara cada vez que la tensión entre la Casa Blanca y el banco central de Estados Unidos gana visibilidad. Así ocurrió durante la recesión de principios de los 2000, en la crisis financiera de 2008 y también tras el salto de la inflación pospandemia, cuando la política monetaria volvió a ocupar un lugar central en la discusión política. Sin embargo, los picos más fuertes se dieron durante el mandato de Donald Trump. El FPPI aumentó de forma notable durante su primera presidencia, y subió aún más durante la segunda.

Tomado como promedio mensual, Trump ejerció casi el doble de presión sobre la Reserva Federal que Joe Biden y multiplicó por siete la presión que aplicó Ronald Reagan. Los datos llegan hasta julio de 2025.

La presión presidencial sobre la Reserva Federal no es un fenómeno nuevo.

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Trump ejerció casi el doble de presión sobre la Reserva Federal que Joe Biden y multiplicó por siete la presión que aplicó Ronald Reagan. Los datos llegan hasta julio de 2025.

Lyndon Johnson impulsó con fuerza la agenda económica de John F. Kennedy: en 1964 firmó un recorte impositivo de gran magnitud y luego presionó al banco central para que mantuviera tasas de interés bajas, con el objetivo de sostener el crecimiento económico y financiar la guerra de Vietnam. Un año después, Johnson se cruzó con el presidente de la Reserva Federal, William McChesney Martin, en su rancho de Texas, durante una reunión que terminó en un momento tenso. 

Según el libro The Man Who Knew: The Life and Times of Alan Greenspan, de Sebastian Mallaby, el encuentro fue tan acalorado que llegó a volverse físico. Johnson empujó a Martin y le gritó: "Los niños están muriendo en Vietnam, y a Bill Martin no le importa".

Los presidentes que siguieron también buscaron influir en la política monetaria. En marzo de 1971, con una inflación interanual del 4,7%, Richard Nixon le pidió al presidente de la Reserva Federal, Arthur Burns, que relajara la política monetaria de todas formas. Presionó al banco central para "estimular" la economía antes de las elecciones presidenciales de 1972. Las acciones subieron durante algunos meses, pero después se desplomaron cuando arrancó una recesión profunda, marcada por la inflación y un mercado bajista.

Aunque estos episodios no entran dentro del período analizado por el FPPI, refuerzan una de las ideas centrales del estudio: la presión política sobre la Reserva Federal no es ni rara ni menor.

Nada de esto justifica una Reserva Federal menos independiente. Pero sí deja en claro que hay consecuencias. La presión política eleva la incertidumbre económica y puede complicar la colocación de deuda soberana. No sorprende, entonces, que —según trascendió— el secretario del Tesoro, Scott Bessent, esté incómodo con los resultados de la investigación.

El estudio de Bonaparte también muestra que esa presión puede aumentar las expectativas de inflación. Con el tiempo, eso pone en riesgo la credibilidad del banco central. El caso de Turquía es un ejemplo extremo: allí, el banco central opera bajo el control efectivo del presidente Erdogan, un aliado de Trump. La inflación se disparó hasta un pico del 85% en octubre de 2022 y hoy sigue por encima del 30%.

Con información de Forbes US.

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