China: el principal proveedor de la industria nacional
Julissa Villanueva Periodista
Julissa Villanueva Periodista
El gigante asiático se consolida como el principal origen de las importaciones no petroleras ecuatorianas.
Durante el primer semestre de 2026, las compras no petroleras representaron US$ 12.714 millones en bienes adquiridos a escala global, de los cuales US$ 4.465 millones tuvieron origen chino, según datos del Banco Central del Ecuador (BCE). Es decir, el 35 % del total importado.
De acuerdo con el informe semestral del Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo, ese monto se distribuyó entre seis tipos de productos: automóviles livianos, otras manufacturas de metales, teléfonos celulares, vehículos pesados, artículos electrodomésticos y otros (incluyen máquinas industriales y aparatos mecánicos con sus partes, accesorios de tuberías, neumáticos, principalmente).
El 80 % de lo importado de ese país corresponde a materias primas y bienes de capital. Las máquinas y los aparatos mecánicos con sus partes encabezan las compras (US$ 2.979 millones), seguidas por otras manufacturas de metales (US$ 341 millones) y vehículos pesados (US$ 253 millones).
De esta manera, China ya no es solo el proveedor de bienes terminados que durante años llegaron a los hogares ecuatorianos. Los datos muestran que su presencia adquiere mayor peso en bienes vinculados directamente con la producción y el funcionamiento de la industria, algo que ha cambiado en casi dos décadas.
Solo en máquinas y aparatos mecánicos con sus partes se observa un ajuste en el mapa de proveedores. Hace 16 años, Estados Unidos concentraba casi la mitad de estas importaciones. Actualmente, China ha ganado protagonismo como principal origen.
En el primer semestre de 2010, el 45,6 % del valor importado en este rubro provenía del país norteamericano y la nación asiática representaba el 7,22 %, según datos del BCE. En diciembre de ese año, Ecuador propuso formalmente la firma de un acuerdo comercial con el país asiático.
En 2016, las posiciones se invirtieron y China ya era el principal país de origen de estas importaciones y en noviembre de ese año, ambos países elevaron sus relaciones bilaterales a una Asociación Estratégica Integral durante la visita oficial del presidente chino Xi Jinping a Quito.
Luego de una década, esa relación comercial y política dio un nuevo paso cuando el 18 de agosto de 2026, el presidente Daniel Noboa se reunió en Pekín con Xi Jinping, en un encuentro que dejó cinco acuerdos de cooperación bilateral y una agenda orientada a ampliar el acceso a los mercados.
También se trazaron rutas para atraer inversión y desarrollar proyectos conjuntos en sectores estratégicos como energía, minería, infraestructura y comercio. Los dos países plantearon, además, nuevas áreas de colaboración en economía digital, energías renovables e inteligencia artificial.

El 1 de mayo de 2024, entró en vigor el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Ecuador y China que incrementó la balanza comercial.
Para Daniel Legarda, exministro de Producción, Comercio Exterior, Inversiones y Pesca, el mayor peso de China como proveedor de la industria ecuatoriana debe entenderse dentro de un proceso global de deslocalización y diversificación de las cadenas productivas.
Actualmente, las marcas, explica, pueden mantener su origen europeo o estadounidense, pero trasladan parte de su producción hacia China debido a sus ventajas en costos, escala y competitividad. “No solo está ocurriendo con Ecuador, sino en el mundo. Hay diversificación de insumos industriales que el TLC pudo ayudar".
Pero el proceso empezó antes. China ingresó a la Organización Mundial del Comercio hace aproximadamente 25 años, en diciembre de 2001, y desde entonces amplió progresivamente su oferta industrial y su presencia internacional.
Legarda, también vicepresidente del directorio de la Cámara de Comercio Ecuatoriano - China capítulo Pichincha, agrega que en ese proceso el acuerdo ha contribuido a facilitar el acceso a una mayor variedad de insumos y bienes intermedios. Cita, por ejemplo, el caso de determinadas planchas de acero que no se producen localmente y que son necesarias para componentes eléctricos y proyectos vinculados con energías alternativas. También a los neumáticos, cuya oferta china ha ganado espacio.
Para el exministro, esta dinámica puede generar beneficios si se entiende como parte de un proceso comercial de doble vía. Ecuador puede acceder a insumos y productos industriales competitivos para fortalecer sus actividades productivas, mientras China representa, al mismo tiempo, un mercado con capacidad para absorber una mayor variedad de productos ecuatorianos.
Esto último adquiere especial relevancia porque China es uno de los mayores compradores de alimentos del mundo. Ecuador tiene espacio para ampliar su oferta más allá de los productos tradicionales.
La pitahaya es uno de los ejemplos, aunque para aprovechar plenamente esa oportunidad todavía se requieren ajustes y avances en materia fitosanitaria y de acceso al mercado.
“Un TLC no exime el cumplimiento de normativas y trazabilidad”, expresa Legarda, quien considera que Ecuador necesita una estrategia estructurada de desarrollo exportador que acompañe el acuerdo comercial con políticas destinadas a fortalecer las condiciones que hacen posible competir. Entre ellas menciona aspectos logísticos y herramientas como las zonas francas, que pueden contribuir a mejorar las condiciones para la producción, transformación y distribución de bienes.
También identifica oportunidades pendientes en materia sanitaria. Ecuador ya cuenta con avances en protocolos para productos lácteos, mientras que todavía existen otros espacios por abrir o consolidar para ampliar la canasta exportadora.
El TLC entre Ecuador y China entra ya en su tercer año, por lo que, a criterio de Legarda, es momento de evaluar los ajustes necesarios y trabajar sobre los temas que todavía permanecen pendientes.
En ese contexto, considera positivos los recientes acercamientos y acuerdos alcanzados a nivel gubernamental y espera que estos permitan ampliar la agenda bilateral y retomar asuntos que todavía requieren gestión.
Más allá del comercio tradicional, Legarda identifica además una oportunidad en la transición energética. China representa un mercado y un centro de producción de gran escala para tecnologías vinculadas con energías limpias, mientras Ecuador cuenta con materias primas que pueden integrarse a esas cadenas.
Un ejemplo es la madera de balsa, utilizada en la fabricación de componentes para las aspas de aerogeneradores. Para Ecuador, esto abre la posibilidad de pasar de la exportación de materias primas hacia una mayor integración en cadenas asociadas a la industria de energías renovables.
“La oportunidad, en este caso, no estaría solamente en vender más balsa, sino en identificar qué otros productos, insumos o capacidades ecuatorianas pueden incorporarse a las nuevas cadenas industriales que se están desarrollando alrededor de la transición energética”. (I)