Forbes Ecuador

El arquitecto de los datos que busca cambiar la industria

Juan Daniel Terán
Fotos : Pavel Calahorrano Betancourt
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A1 Arquitectura Avanzada, fundada por José Daniel Terán busca transformar la forma de construir en Ecuador con un sistema basado en tecnología, donde cada decisión se sustenta en datos. El cambio apunta a mejorar la eficiencia, controlar costos y reducir errores en un sector donde cada cambio en obra eleva costos.

La primera vez que José Daniel Terán me habló de la arquitectura avanzada lo hizo con la convicción de que esta es la construcción del futuro. Confieso que me sonó inverosímil. En 2021 esa idea tomó forma concreta con el nacimiento de A1 Arquitectura Avanzada.

La arquitectura es un oficio dominado por espacios y la intuición de los autores de los diseños. En la mayoría de las veces, el modelo y las formas se definen en la construcción. En este nuevo enfoque los algoritmos, el análisis de datos y el criterio del cliente se vuelven aliados.

Es decir, una vez definidas las variables, el software propone configuraciones, formas, estructuras y soluciones ya sea con hormigón, estructura metálica o materiales biodegradables antes de poner un ladrillo. “Con tecnología automatizada moldeamos los materiales con precisión milimétrica. No hay lugar para errores”.

Y eso es justamente lo que caracteriza el trabajo de José Daniel. Convertir factores como la luz, la temperatura y el comportamiento y dinámica de cada familia en información cuantificable. “Nosotros podemos anticipar cómo funcionará un edificio o una casa antes de ser construido. Corregimos en el mundo virtual lo que antes se resolvía en obra y eso inevitablemente elevaba los costos”.

Entre la imaginación y la disciplina

De niño, su curiosidad encontraba salida en dibujos, legos y mecanos. Armaba y desmontaba piezas, exploraba mundos, paisajes e imaginaba escenarios y estructuras.  Creció en un entorno donde la disciplina no era negociable. Estudió en el Colegio Alemán y el karate fue parte fundamental de su formación.  “No se trataba de pelear, sino de aprender a tener control sobre las emociones”. Más allá del rigor físico aprendió que las acciones tienen consecuencias y la importancia del respeto. “Si hacíamos algo mal, nos llamaban la atención con bates de bambú, más que dolor, era el ruido que se generaba”.

Se graduó de arquitecto en la Universidad San Francisco de Quito. Su primer reto fue la remodelación de la casa de campo de su padre. Lo que debió tomar tres meses, se extendió a más de seis. “Los maestros sabían más que yo y a veces cuestionaban mis decisiones. Entendí que la práctica es muy distinta a lo que aprendemos en las aulas”.

Luego se integró a un proyecto impulsado por la Junta de Andalucía para recuperar el centro histórico de Quito. Durante un año trabajó con el equipo encargado de generar un libro con el diseño de las 20 propuestas que iban a ser intervenidas. 

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En 2007 cruzó el Atlántico para obtener una maestría en arquitectura biodigital en la Universidad Internacional de Catalunya en Barcelona. Junto a cuatro compañeros de maestría montaron un emprendimiento con una inversión de US$ 2.000 Alfa 301, era estudio especializado en diseño experimental.  Ganaron un concurso de esculturas en Valencia con una propuesta de construcción con robots. “Con 20.000 euros levantamos una figura de hormigón de tres metros de alto inspirada en el crecimiento de los árboles. Si no lo hacíamos en tres meses nos multaban”. 

En 2010 España entró en recesión tras el estallido de la burbuja inmobiliaria. Las oportunidades se redujeron. José Daniel tocó puertas, incluso en Miralles, uno de los estudios más influyentes y la respuesta de su dueña Benedetta Tagliabue le movió el tablero. “Si quieres crecer, tienes que irte. Puedes ser el mejor…”

Decepcionado y frustrado volvió a Ecuador. Participó en un proyecto de parqueaderos inteligentes, mientras buscaba como abrirse camino.

Con un socio fundó Alfa. Durante una década desarrollaron cerca de 50 proyectos, principalmente viviendas con presupuestos promedios de US$ 500.000. Diferencias entre los dos llevaron a su separación. “Lo manejábamos como una tienda, sin criterio. Me quemé las pestañas y no veía resultados”.

José Daniel entendió que, a pesar del volumen de ejecuciones, el crecimiento no se traducía en rentabilidad sostenida. “No logramos superar los US$ 350.000 anuales en facturación”.

El desgaste fue acumulándose, su socio se quedó con el nombre de la empresa y José Daniel a empezar de nuevo. “Una sociedad mal estructurada no te deja crecer”.

Un modelo para escalar con métricas

En 2021 fundó A1 Arquitectura Avanzada. Se asesoró con expertos para no repetir los errores. Creó un directorio externo y definió un modelo de procesos claros que le permita crecer. “Medimos el trabajo de todos”. La inversión en software especializado superó los US$ 100.000.

El impacto fue progresivo. En 2022 los ingresos alcanzaron los US$ 480.000. “Nos apoyamos completamente en innovaciones. “Tradicionalmente la presencia del arquitecto es determinante en cómo tienes que vivir, ese método se llama top down. Nosotros convertimos toda la información en información objetiva y tangible. Ese sistema se llama botton up. Parametrizamos todo”. 

En cada trabajo, el cliente deja de ser un espectador y se vuelve protagonista. Esta metodología permite mayor precisión en costos y procesos más eficientes. “Podemos reducir costos hasta en un 30% sin comprometer rentabilidad”.

Hasta ahora han desarrollado más de 140 edificaciones, que suman más de 250.000 metros cuadrados y han generado más de 30.000 empleos indirectos.  Actualmente, ejecuta un desarrollo residencial en Tumbaco que incluye más de 100 unidades entre departamentos y casas. La inversión estimada supera los US$ 20 millones.

La obra que más tocó su corazón fue una vivienda integrada a una quebrada, donde la construcción se adapta completamente al entorno natural. La propiedad de 120 metros cuadrados ubicada en Puembo ostenta 12 premios internacionales, incluyendo el Architecture Master Prize. “Rompimos todos los paradigmas. Probamos que la arquitectura y la naturaleza pueden convivir”.  

Además, fue incluido en 2024 en el listado del NYC Journal, un medio digital especializado en negocios, tecnología, finanzas e innovación que destaca a líderes visionarios menores de 50 años.

José Daniel, a sus 43 años afirma que diseñar dejó de ser un ejercicio intuitivo, porque todo es medible. No trabaja por porcentajes, sino por honorarios fijos que pueden superar el millón de dólares. 

La empresa ha comenzado a ofrecer su sistema de gestión a otras firmas. “Mis colegas dejaron de ser competencia para convertirse en clientes”. En 2025 con 20 construcciones y alcanzó una facturación de US$ 1,4 millones. “Las decisiones no son por percepción, sino por indicadores y metas”. 

Reconocido por los Luxury Lifestyle Awards entre los 100 arquitectos tops del mundo, su reto ahora no es técnico. Está en convencer es a un mercado que sigue anclado a prácticas tradicionales. (I)

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